Arte y Ciencia ¿Opuestos?

Tradicionalmente en la cultura occidental el arte y la ciencia han estado separados. Se presentan al sentido común como polos opuestos cuyos campos de desarrollo apuntarían hacia áreas totalmente diferentes. El arte, por un lado, reflejo del alma humana, relacionado con la subjetividad y la manera íntima e individual de relacionarse con el mundo. La ciencia, por otro, pilar absolutista de la modernidad, disciplina objetivante que parece alejarnos del alma para encerrarnos en lo corporeo, en lo real.

Sin embargo, esta marcada dicotomía tiene un antecedente histórico. Previo a esta ruptura, y si nos remontamos a la Edad Media, nos damos cuenta que la búsqueda de las explicaciones acerca de cómo estaba constituido el mundo estaba relacionada directamente con la magia. La alquimia es un periodo donde se intentó conocer la materia y manipularla. Y, en efecto, la labor de los alquimistas puede ser clasificada en ese sentido como actividad científica porque las fronteras entre ambos conceptos aún eran difusas. Este es el punto que marca lo peculiar de este periodo y que lo distingue respecto del siguiente.
La secularización de la sociedad y los valores que caracterizaron al Renacimiento y que, posteriormente, se reforzaron durante la Ilustración parecieron alejar completamente al arte de la ciencia, otorgándoles espacios totalmente distintos en los saberes sociales.
En la actualidad, existen varias miradas que indican que el arte y la ciencia pueden ser compatibles y que, de hecho, en su conjunción se puede encontrar el valor y la mirada abarcadora de la realidad tomando en cuenta todas sus dimensiones. El filósofo Pablo Oyarzún es de los que creen que “en las últimas décadas ha ganado terreno la convicción de que la investigación en ciencia no es la expresión de un tipo único y unívoco de racionalidad, y que la significación que tiene en ella la imaginación y el margen que admite para la inventiva y lo aleatorio son considerables y, de hecho, decisivos. Por otra parte, cada vez se está más dispuesto a admitir que la creación artística posee un componente reflexivo y discursivo muy gravitante, y que, en lugar de oponerse a la ciencia como puede oponerse una función intuitiva divergente a una racionalidad lineal, integra con ella un campo general de pensamiento. La cultura contemporánea no puede sino beneficiarse de un diálogo abierto entre el Arte y la Ciencia”. *
Chile no se escapa de esta tendencia. Existen una serie de artistas e iniciativas que se adhieren a este pensamiento. Es el caso de Abraham Freifield, personaje que nutrirá este blog, quien desde la ingeniería traspasa sus conocimientos hacia la escultura y se erige como el único representante delconstructivismo en nuestro país.
Abraham Freifeld nació en 1921 en Novasuliza, aldea de Besarabia, que formaba parte en este entonces de Rusia. Llegó a Chile a los 17 años luego de que su familia arrancara de la persecusión nazi en Europa, gracias a la ayuda de un cónsul chileno que los trajo a nuestro país.
Luego de pasar por el Liceo de Aplicación, Freifeld ingresó a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Dentro de la carrera, hubo un hito que definiría su destino: durante una práctica profesional conoció la obra de un escultor yugoslavo y decidió que eso era lo que quería hacer en su vida. Cuando le contó la situación a su madre, ella le respondió: “Demuéstrate a ti mismo que no abandonas la Ingeniería como una huida. Termina primero tus estudios y después te dedicas al Arte.”
De esta forma, Abraham ingresa a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Al principio, su obra se desarrolla prácticamente en murales, como el del Estadio Israelita. Pero a partir de la década de los 60 comienza a crear esculturas muy transparentes en láminas de metal cortado. Su obra Ciclo elástico, provista de un rodamiento conectado a un eje central, quedó destruida lamentablemente en el incendio de la Facultad de Bellas Artes de 1968.
Abraham Freifeld, es un artista neo constructivista, que plantea los fundamentos de unconstructivismoorgánico y la incorporación de la física relativa en su relación dialéctica con la sinestesia (unión de sensaciones). Además, se desempeñó como ingeniero del Ministerio de Obras Públicas, donde plantea que construir a escala humana, significa que un edificio se adecúa a la gente, está hecho para la gente, y no al revés.
Fuentes:

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