Ciencia y Arte

A menudo la gente siente gusto por contraponer conceptos, una de las más manidas de estas contradicciones es la de fe y razón, pero ya está suficientemente dilucidada por Juan Pablo II en su encíclica Fides et ratio; por lo tanto, no es este el camino por donde vamos a  transitar ahora. 

Transitaremos por el arte y la ciencia, cuya aparente contraposición es una falacia. Es verdad que algunas personas son muy tajantes en sus gustos y dicen no entender ciertas cosas, a pesar de tener un brillante intelecto. Me sucedió esto hace muchos años: a una señora con grado y ejercicio de ingeniero civil y a un geólogo, les oí  manifestar cada uno en una oportunidad diferente que no entendían cómo a alguien podía gustarle la poesía, disciplina inútil e incomprensible para ellos. Sin embargo,  en varias ocasiones, me encontré en conciertos sinfónicos con muchos ingenieros, evidentemente aficionados a la música académica. No en vano el ritmo musical es una relación matemática, mesurable y exacta. Pero no lo es menos la poesía con sus versos octosílabos, 
endecasílabos y otras medidas, aunque no se usan ya en la contemporánea ni la rima y quizás por eso la poesía ha perdido su atractivo aritmético, aunque no su valor artístico.

No hay ciencia sin arte, ni arte sin ciencia. El científico estudia mucho: lee,  busca, investiga, ensaya, coteja, se informa con otros colegas, pregunta, observa, medita, agota todas las posibilidades materiales e intelectuales de su estudio, pero no llega a conclusión alguna, hasta que no recibe la certeza de una inspiración: ¡aquí está lo que busco, aquí está la verdad! Y no digo una contradicción cuando subrayo lo de la  certeza de una inspiración. Algunos pensarán que lo inspirado no puede constituir certeza. Se equivocan, la musa  es una luz indiscutible e irresistible, quien la recibe sabe que llegó a la  meta. Eso es arte y es igual para el científico como parta el artista. 

En cuanto a las artes, sean literarias, plásticas o musicales, nunca lo serán cabalmente si no se apoyan en la ciencia. La musa no puede expresarse sin una realidad técnica. Todo arte tiene sus propias herramientas. No puedo escribir si no conozco a fondo mi lengua, que es el medio de expresión, o escribiré mal. Al dominar mi idioma, la inspiración tiene cauce seguro, diré lo que quiero y me entenderán. 

Así en la pintura, en la escultura. Si no domino la técnica no puedo crear la obra de arte. No es que tenga un lenguaje plástico balbuceante, infantil, no, debo saber pintar o esculpir la realidad como un renacentista. Sin esta técnica ni Picasso ni Dalí hubieran sido lo que fueron. Atraparon maravillosamente lo real, lo calcaron en su pintura y después… ¡lo rompieron!  Podían hacerlo y por eso fueron insignes creadores del cubismo, de lo aparentemente absurdo pero con un enorme sentido.

Así la música. Los innovadores saben tanta teoría y solfeo como los académicos, si no, no podrían romper paradigmas. Acaba con el pentagrama tradicional quien lo domina. Estos artistas son bastante incomprendidos en su propia generación,  los oídos y los ojos están  acostumbrados a lo tradicional. También el público apreciador tiene que evolucionar. Por otra parte, están los seudo artista que creen esconder su falta de técnica en el arte abstracto, porque no capta lo real. Tiempo al tiempo, ellos no entrarán a la historia. Permanecerá solamente lo bueno. La basura no pasará el examen.  

Ciencia y arte son parafraseando a Juan Pablo II como esas dos alas constituidas por la fe y la razón para llegar a la verdad.  Ciencia y arte vuelan juntos  y hacen remontar el espíritu humano hacia las altas esferas de la intuición y la creación. Son una experiencia de amor. Si se divorcian, sus logros quedarán sin vida, vacíos. Si se aúnan, pasará lo que dice san Juan de la Cruz en una de sus famosas coplas a lo divino: 

                                                  Tras un amoroso lance, 
                                                  y no de esperanza falto 
                                                 volé tan alto tan alto, 
                                                 que le di a la caza alcance. 
Alicia Álamo Bartolomé


No hay comentarios:

Publicar un comentario