La ciencia es el wikileaks de la naturaleza



Durante una entrevista esta semana presentando “El ladrón de cerebros ” me preguntaron por qué me gustaba tanto la ciencia.

Claro que es una fuente de curiosidades, siempre logra sorprenderte con algo nuevo, y es la herramienta más valiosa que tenemos para mejorar el mundo. Pero cuando la ciencia hechiza de verdad es cuando te das cuenta de todo lo que desconoceríamos sin ella.
Miras al cielo nocturno y ves un fascinante panorama estrellado. Pero te pones las gafas de la ciencia y descubres planetas con atmósferas de metano, agujeros negros en el centro de las galaxias, antimateria, supernovas, una energía oscura que está alejando aceleradamente esos focos de luz que a ti te parecen estáticos, y te explica los procesos de fusión nuclear que hacen brillar a tu propio Sol.
Luego te cuenta que esa energía llega a la Tierra y unos pigmentos en las plantas son capaces de aprovecharla para construir unos enlaces de carbono, que cuando tú te los comes rompes para recuperar dicha energía original de nuestra estrella.
El Universo de lo diminuto… puedes construir microscopios cada vez más potentes, pero es la investigación científica la que te permitirá entender el funcionamiento de una célula, cómo se guarda la información en el ADN, si cuando te enamoras sube la oxitocina o al revés, qué tipo de quarks constituyen un protón, y si existen 11 dimensiones ocultas que nuestros sentidos no logran ver. La ciencia te descubre que no hay nada mágico en que un kilo y medio de carne arrugada en el interior de tu cabeza pueda albergar todos tus sentidos, emociones, memorias, identidad, y gobierne todos tus actos conscientes e inconscientes. Es capaz de mostrarte tu pasado evolutivo desde millones de años antes que pudieras tener algún registro, y te convence de que no es la fe la que mueve montañas sino las placas tectónicas. Nada de esto sería de nuestro conocimiento sin la ciencia. La ciencia es el verdadero wikileaks de la naturaleza. La manera que tenemos para descubrir sus secretos más íntimos.
Fijémonos por ejemplo en la que ha sido noticia científica esta semana: unas bacterias capaces de sustituir el fósforo de sus células por arsénico. Presta un poco de atención, porque es espectacular: Sabrás que las moléculas que forman tus células están formadas básicamente por átomos de carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo. Son los pilares fundamentales de la vida. El fósforo, en concreto, es un componente básico del ADN y de unas moléculas que actúan como mensajeros de
energía llamados ATP. El arsénico es un átomo de propiedades muy similares al fósforo, pero un poco más grande. Y resulta tan tóxico justamente porque al ser tan parecido al fósforo, tu cuerpo lo confunde, y lo intenta absorber e incorporar a su maquinaria celular; desbarajustándola. Pues bien, resulta que existen bacterias viviendo en ambientes extremos con gran cantidad de arsénico a su alrededor, que han aprendido a tolerarlo. Pero lo que publica la revista Science esta semana es que un grupo de investigadores han cogido estos microorganismos del lago californiano Mono Lake, los han puesto a crecer y reproducirse en un medio donde poco a poco iban añadiendo más y más arsénico, y –alucina- obtuvieron bacterias cuyas moléculas de ADN no tenían nada de fósforo y todo era arsénico. Desde un punto de vista bioquímico, es asombroso. La vida es mucho más maleable de lo que nos imaginamos, no requiere unas condiciones tan estrictas, y cada vez parece más claro que el Universo debe estar repleto de ella. Lástima que a principios de semana la NASA creó unas expectativas desorbitadas al decir que convocaba una enigmática rueda de prensa “para comentar un hallazgo en astrobiología que tendrá impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre”. Durante un par de días se estuvo especulando con el descubrimiento de vida en Marte o Titán, o de la existencia aquí en la Tierra de una rama de la vida completamente diferente a la que conocemos. No fue nada de eso, y al contrastar realidad con expectativas se generó cierta decepción. Pero a pesar de eso; es sin duda un descubrimiento excepcional.

El resto de noticias científicas de la semana, menos la última, se ven menores al lado de estas.
Nature destaca la medición de la atmósfera de un planeta rocoso 6 veces mayor que la tierra. Al pasar por delante de su estrella, la atmósfera del planeta absorbe parte de la luz, y con lo que nos llega, podemos intuir su composición. No han afinado a determinar sus componentes exactos. Creen que vapor de agua e hidrógeno. Pero es un paso importante: Desde que hace unos 15 años se descubriera el primer planeta extrasolar, su número ha ido en aumento hasta sobrepasar ya los 500. Los primeros –más fáciles de encontrar- eran grandes y cercanos a su estrella; pero menos interesantes. Las técnicas se hicieron más precisas hasta detectar planetas rocososparecidos a la Tierra. Luego faltaba que estos planetas estuvieran en lo que llaman zona habitable. Pero el paso clave será analizar la composición de su atmósfera para ver si hay algo que no encaja en un mundo inorgánico y detectamos de manera indirecta que contiene vida.
Nature publica también una extraña asociación entre pérdida de biodiversidad y aumento de enfermedades infecciosas. La relación parece demostrada por varios ejemplos, y el mecanismo insinuado es que las especies que sobreviven son mejores portadores y transmisores de virus.
New England Journal of Medecine nos sugiere eliminar pan, pasta y otros carbohidratos si no queremos recuperar el peso perdido tras hacer dieta. Un estudio seleccionó 773 voluntarios que habían perdido 11 kilos en 2 meses, los dividió en cinco grupos, y les pidió seguir un tipo de alimentación diferente a cada uno de ellos. El contenido en grasas era bajo, y común a todos ellos. Lo único que cambiaba era la proporción de proteínas y carbohidratos. El resultado fue contundente: más proteínas y menos carbohidratos era la mejor combinación para mantener la pérdida de peso.
Las vergüenzas del cambio climático en Wikileaks
Poco hemos oído de momento sobre la cumbre del cambio climático en Cancún. Algún progreso en cuanto a deforestación, actitud beligerante de ciertos países, y noticias sobre los millones de muertes que podría causar el cambio climático. Pero lo gordo, revelador, y vergonzoso, sale de wikileaks. Se puede seguir en este especial de The Guardian, o en este gran trabajo de Rafael Méndez en El País: los cables diplomáticos revelan una visión casi unánime de que Copenhague fue un fracaso descomunal, presiones de EEUU a gran cantidad de países para que respalden su propuesta de pacto que en realidad decepcionaba a todos, representantes europeos reconociendo que Europa fue excluida y maltratada pero que para ser constructivos era mejor acallar las críticas a EEUU, una falta de esperanza absoluta en que algo de provecho pueda emerger de Cancún, quejas por la actitud poco constructiva de países como Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua o Ecuador –y propuestas de marginarlos-, serios reparos sobre las promesas y datos ofrecidos por China, división en Europa sobre la estrategia de negociación, y profundas dudas en si este modelo de cumbres multilaterales es el mejor modelo a seguir. Es lamentable. El presidente del consejo europeo Van Rompuy llegó a tildar la cumbre de Cancún como “La pesadilla en Elm street II”.
No puedo evitar citar que en “El ladrón de cerebros” termino el bloque dedicado al cambio climático diciendo: “en el momento que escribo estas líneas, desde un país cuyo despilfarro energético es absurdo, todo lo que veo, oigo, y leo me parece una pesadilla que se repite”. Si Cancún se salda con un nuevo fracaso, puede haber revolución. De hecho, quizá mejor que así sea. Algo no es siempre mejor que nada. Está visto que deberemos continuar confiando en los científicos y su capacidad de desentrañar más secretos de la naturaleza.
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Contacto: pere@mit.edu / Twitter: @Perestupinya

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