Somos libres?

Históricamente la visión de la existencia del libre albedrío se basó en la interpretación de textos religiosos (Biblia) o filosóficos aunque últimamente algunos experimentos científicos han venido a tratar de demostrar lo contrario. Para quien esté interesado en estos temas recomiendo leer sobre los experimentos de Libet en los 80 y más recientemente el similar trabajo pero con divergentes conclusiones de Hermann et al..


De cualquier modo, aun no pudiendo ponernos de acuerdo sobre si el concepto de libertad existe o no, a nivel personal la realidad es que TODOS creemos ser libres o al menos más libres que el vecino. Esto es lo que los autores del artículo “La gente cree que tiene más libre albedrío que los demás” defienden en su trabajo.

¿Quién maneja los hilos de tu vida?
La idea principal se basa en el prejuicio actores frente a observadores, descrito en los 70 y que defiende que las personas tienden a ver sus acciones como producto de la situación mientras que las de los demás son producto de su personalidad. Aunque aparentemente contradictorio, este prejuicio parte del concepto de que la reacción frente a una situación es un proceso activo resultado del ejercicio de la voluntad mientras que la decisión planteada por la “personalidad” es estática, limitada por numerosos factores como la educación o la cultura, y por tanto carente de libertad. 

En general, parece que la gente ve la información sobre sus  propias intenciones esencial para la comprensión de sus propias acciones pero innecesaria a la hora de emitir juicio sobre la de los demás. Por medio de 4 experimentos los investigadores pudieron demostrar que la gente se considera 1) menos predecible (a priori) 2) más capaz de tomar diferentes decisiones y 3) más determinada por sus propios deseos y las circunstancias del momento que por su pasado o personalidad, que los demás y puesto que todos estos son indicadores de libre albedrío, la conclusión: yo sí pero tú….no tanto.

Los autores matizan, sin embargo, que estos resultados podrían variar con la edad o con la cultura. El grupo experimental consistía en universitarios americanos y por ende, discuten los autores, en una posición más egocéntrica quizá que personas en edad madura con más capacidad de valorar empáticamente a los demás. Además arguyen que sociedades individualistas podrían incrementar esa sensación de control sobre las propias decisiones mientras que en culturas colectivistas (orientales) quizá esta diferencia no sea tan marcada.

En cualquier caso, parece que a la hora de valorar las razones del comportamiento de los demás echamos a faltar empatía, quizá porque consideramos a los demás inferiores/incapaces de decidir por sí mismos o quizá porque de otro modo necesitamos convencernos de que somos mejores/diferentes/especiales y por tanto LIBRES.

Como es viernes y por tanto hora de ejercer mi libertad y salir del trabajo voy a dejar que sean los filósofos quienes intenten responder a la pregunta de hoy. ¡Buen (y frío) fin de semana!

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