Machismo y ciencia, feminismo y literatura, tópicos y topicazos


La idea de que las mujeres no avanzan en ciencia al mismo ritmo que en otras actividades debido a su incapacidad innata para ello ha sido considerada en serio por ciertos catedráticos de renombre. Ben A. Barres nos explica por qué esta hipótesis es completamente errónea en “Does gender matter?,” Nature442: 133-136, 2006 .
Ben A. Barres nos cuenta que cuando con 14 años tenía un excelente profesor de matemáticas. Se lo dijo a su madre que estaba muy contenta por ello. Un día, la madre vío en persona al profesor y le contestó con disguto “no me dijiste que era negro.” Ben se dió cuenta por primera vez en su vida que su profesor era afroamericano. Para ”ella” sólo era un excelente profesor de matemáticas. Ben, ahora con 53 años, nació mujer pero cambió de sexo y ahora es hombre. Todavía “le molesta” que muchos profesores de gimnasia les digan a sus alumnos “no seáis niñas” en el mismo tono con el que escuchó a su propia madre.

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En 2005, Larry Summers, entonces rector de la Universidad de Harvard, afirmó que las diferencias entre hombres y mujeres en ciencia eran innatas. Muchos otros le siguieron cual “corderitos” como Steven Pinker o Peter Lawrence. Summers sufrió críticas y afirmó que en realidad “sólo quería provocar el debate.” En “opinión” de Summers, incluso en un mundo utópico sin discriminación de género alguna, las mujeres serían “peores” científicas que los hombres. Summers aludió el trabajo de Simon Baron-Cohen, quien afirma que los hombres “en media” están biológicamente predispuestos a sistematizar, a analizar, a despreocuparse de los demás, mientras que las mujeres “en media” están biológicamente predispuestas a empatizar, a comunicar, a cuidar a los demás. Otro profesor de Harvard, Harvey Mansfield en su libro “Manliness,” afirma que las mujeres son menos competitivas, no les gustan los riesgos, ni la abstracción y son demasiado emocionales.
Ben le llama a estos argumentos “la hipótesis de Larry Summers,” y nos recuerda que esta hipótesis es más habitual entre científicos hombres que entre científicos mujeres. Desafortunadamente para Larry Summers, la evidencia científica está en contra de esta hipótesis. La razón de la diferencia de género en ciencia no es otra que la discriminación. Ben le llama “la hipótesis de Stephen Jay Gould.” No hay pruebas científicas de que los niños tengan ninguna ventaja sobre las niñas, por ejemplo, en matemáticas, a corta edad. La figura muestra como las niñas, de hecho, son “ligeramente mejores” en matemáticas que los niños a corta a edad y luego se invierte la tendencia. Incluso así, la diferencia es muy pequeña, digamos a 18 años, como muestra la figura. La evidencia científica está a favor de que la discriminación social está detrás de esta diferencia.
Todos, nuestra sociedad “machista,” asumimos que hay una diferencia innata en las habilidades matemáticas entre niños y niñas, lo que introduce un pequeño sesgo en la educación matemática de niños y niñas, que se ve reflejado en las pequeñas diferencias observados en los resultados de los test. Esta idea aparece en el excelente libro de Virginia Valian, “Why So Slow?.”
Ben sufrió esta discriminación en sus propias carnes. Nos cuenta que cuando estudió en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), cuando era mujer, “la” única (mujer) en su clase, fue capaz de resolver un complejo problema matemático. Ninguno de sus compañeros varones fue capaz de hacerlo. El profesor afirmó en público, ante todos, ”seguro que novio te lo ha resuelto.” Más tarde solicitó una beca postdoctoral en Harvard con 6 artículos impactados, que perdió ante un varón, con sólo uno. Protestó y le dijeron que su currículum era mejor, pero que preferían al varón. Se cambió de sexo. Dió un seminario, ya como “Ben” y uno de los catedráticos que asistió, que la conoció previamente como mujer, afirmó: “Ben Barres ha dado un gran seminario hoy, está claro que es mucho mejor que su hermana.”
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Las anécdotas son sólo anécdotas. La ciencia requiere datos. Los estudios científicos sobre los prejuicios a la hora de seleccionar candidatos para plazas científico-técnicas muestran que tanto las mujeres como las minorías tienen las de perder debido a prejuicios inconscientes en los tribunales que los juzgan. Por ejemplo, un estudio encontró que las mujeres que habían obtenido financiación para investigación eran 2.5 veces más productivas que los hombres. La figura de la izquierda presenta la “competencia científica” según tribunales de concesión de proyectos de investigación en función de la productividad científica (número de artículos impactados).
Incluso las mujeres que logran obtener un puesto de catedrático se encuentran con discriminación a la hora de repartir los recursos. Nancy Hopkins descubrió este problema en el MIT y el rector Charles Vest tuvo que admitir públicamente que así era y que trataría de arreglarlo (vía discriminación positiva).
Desafortunadamente, muy pocas mujeres profesoras y/o catedráticas están dispuestas a admitir en público que sufren discriminación de género. De hecho, muy pocos hombres y/o mujeres profesores quieren admitir que la discriminación de género es un problema importante en ciencia. Todos parecen querer creer que la ciencia es un mundo “ideal” justo (así lo afirma Valian en su libro).
Se llama “negación de la desventaja personal” al hecho de que las mujeres se suelen comparar con otras mujeres en lugar de hacerlo con los hombres. Ben nos confiesa que ella/él sufría este tipo de negación. No quería ver las barreras que sufrían las mujeres y las minorías. Pero en 2005, ya con 50 años, un hecho le abrió los ojos. El NIH (National Institutes of Health) creó los prestigiosos premios Pioneer Award. En el tribunal 60 de los 64 miembros eran hombres. En la primera convocatoria los 9 ganadores fueron hombres. Al año siguiente, el propio NIH decidió aplicar discriminación positiva a las mujeres y minorías.
Ben nos confiesa que escribe este texto (que yo estoy traduciendo de forma libre) con objeto de recordar a las estudiantes de doctorado mujeres que deben sentir, deben saber, que tendrán las mismas oportunidades que sus compañeros varones en su futura carrera científica. Ellas deben ser las primeras en ser conscientes de ello.
No hay evidencia científica que pruebe la hipótesis de Mansfield y otros de que las mujeres son más emocionales que los hombres. Por ejemplo, los hombres cometen 25 veces más asesinatos violentos con ira (emocionales) que las mujeres. Las críticas de Nancy Hopkins (profesora del MIT) hacia los comentarios de Larry Summers hicieron que ella recibiera un gran número de correos electrónicos altamente emocionales, escritos por hombres, criticando duramente sus críticas. La inteligencia emocional también es parte del carácter del hombre (varón).
La evidencia científica que soporta los peores resultados de las mujeres en ciencia apunta a la autoestima y no a ninguna incapacidad innata. A las mujeres se les inculca repetidamente que no valen, lo que mina sus ambiciones y su autoconfianza. Valian cree que elevar las expectativas de las mujeres en ciencia es el factor más importante que las ayudará a avanzar hasta equipararse a los hombres. Solamente esto. Alto tan simple.
¿Podemos aceptar que el rector de una Universidad del prestigio de Harvard afirme en público que las habilidades innatas de las mujeres son inferiores a los hombres en ciencia? O que un rector como Tammy Pettinato afirme que los estudiantes afroamericanos son más vagos y que las mujeres son innatamente inferiores. Debemos tolerar que en honor a la raza, religión, sexo u orientación sexual se discrimine en el “justo” contexto de la ciencia.
Ben nos recuerda que “hay que actuar. Hay que tomar partido.”
Ben nos pide que, primero, favorezcamos la diversidad en los altos puestos académicos y de instituciones científicas. Mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transexuales (como él/ella), afroamericanos, asiáticos, latinos, …, son necesarios en las más altas esferas para que “se cuiden” de que la discriminación de las minorías desaparezca. Hay que ayudarles ya que sin ayuda, los líderes actuales nunca les dejarán ser líderes.
Segundo, la igual de oportunidades tiene que ser efectiva y para ello hay que cambiar las “varas de medir.” Por ejemplo, los tribunales tienen que ser lo más diversos posibles con igualdad de género, incluyendo minorías, etc. Además, para promociones hay que tener en cuenta la calidad de las publicaciones y no su número. Las responsabilidades familiares en nuestra sociedad machista son asumidas preferentemente por las mujeres que se ven obligadas a sacrificar parte de sus carreras profesionales en favor a su propia familia, especialmente en un contexto tan competitivo como el universitario.
Tercero, reivindica tus derechos, cuéntalo. Divulga cuando creas que has sufrido discriminación de género. No lo calles y lo asumas como “lo normal.” Nancy Hopkins es un ejemplo a seguir en este sentido.
Cuarto, trata, en la medida de tus posibilidades, de mejorar la justicia en los procesos de selección competitiva de personal. Pequeños cambios pueden conducir a una gran diferencia. Lograr que en los comités de selección haya igualdad de género es clave. Algunos critican esta medida, incluso muchas mujeres que prefieren una meritocracia. Sin embargo, la diversidad en la composición de comités y jurados es fundamental si queremos una selección justa.
Finalmente, la confianza, la autoconfianza, son claves en una carrera académica e investigadora. Es necesario que todo el sistema, incluidos padres, amigos, profesores y gestores, inculquemos la cultura de la confianza. Todos los estudiantes, sean varones o mujeres, se beneficiarían de formación que refuerce su confianza. Sin embargo, las mujeres y las minorías, los que menos confían en sí mismos, requieren una atención especial. Cursos que les ayuden a ser proactivos.
Es muy importante que todos los que están ya establecidos se cuiden de que sus alumnos con más talento, especialmente mujeres y minorías, puedan desarrollar la mejor de las carreras académicas posibles. En palabras literales de Ben, y ya para acabar, “it is incumbent on all of us who are senior faculty to keep a look out for highly talented young people, including women and minority students, and help them in whatever way possible with their careers.”

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