Descargar es protesta: documentos de JSTOR publicados en The Pirate Bay


Usemos Linux


En protesta por la acusación penal a Aaron Swartz por descargar “demasiados” artículos científicos de JSTOR, Greg Maxwell decidió publicar en The Pirate Bay untorrent con +32 GB de artículos de la Philosophical Transactions of the Royal Society of LondonJunto con la publicación de los artículos, Maxwell incluyó un texto justificando su acción. A continuación les dejo su traducción al español. Pueden ver el original en inglés en la página del torrent en The Pirate Bay. Este archivo contiene 18.592 publicaciones científicas en un total de 33GiB, todas de las Philosophical Transactions of the Royal Society, que deberían estar disponibles para todos sin costo, pero en efecto la mayoría estuvieron únicamente disponibles a altos precios a través de paywalls [1] guardianes como JSTOR.

El acceso limitado a los documentos en esos lugares se vende generalmente a 19 dólares por artículo, aunque algunos más antiguos están disponibles al módico precio de 8 dólares. Pagar el acceso a esta colección artículo por artículo costaría cientos de miles de dólares.

También se incluyen los metadatos factuales [2] que te permitirán buscar obras por título, autor o fecha de publicación y un archivo de checksum para poder verificar la integridad de los datos.

ef8c02959e947d7f4e4699f399ade838431692d972661f145b782c2fa3ebcc6a sha256sum.txt

He tenido estos archivos por mucho tiempo, pero temía que si los publicaba estaría sujeto al acoso legal de aquellos que lucran controlando el acceso a estas obras.

Ahora siento que he estado tomando la decisión equivocada.

El 19 de julio de 2011, Aaron Swartz fue acusado penalmente por la Procuraduría General de los Estados Unidos por, literalmente, descargar demasiados artículos académicos de JSTOR.

La publicación académica es un sistema raro -los autores no cobran por su trabajo, tampoco lo hacen los pares que los revisan (ellos son sólo otros académicos sin paga), y en algunos campos incluso los editores de las revistas no cobran. A veces los autores incluso deben pagar a los publicadores.

Así y todo, las publicaciones científicas son una de las más bochornosamente caras obras literarias que uno puede comprar. En el pasado, los altos precios de acceso financiaban la costosa reproducción mecánica de revistas en papel para nichos reducidos, pero la distribución online ha vuelto a esta función prácticamente obsoleta.

Hasta donde yo sé, el dinero pagado por el acceso hoy en día tiene poco sentido más allá de perpetuar modelos de negocios muertos. La presión de “publicar o morir” en la academia les otorga a los autores una increiblemente débil posición de negociación y el sistema existente tiene una enorme inercia.

Aquellos con el mayor poder para cambiar el sistema -las viejas luminarias académicas cuyas obras otorgan legitimidad y prestigio a las revistas, y no al revés- son las menos afectadas por estas fallas. Ellos son sostenidos por instituciones que les proveen el acceso a todos los recursos que necesitan. Y como las revistas dependen de ellos, pueden pedir modificaciones en los contratos estándar sin poner en riesgo sus carreras por la pérdida de ofertas de publicación. Muchos ni siquiera se dan cuenta de hasta qué punto las obras académicas son inaccesibles para el público general, ni se percatan del tipo de trabajo que se hace fuera de las universidades y cómo éste podría beneficiarse de ellas.

Las grandes editoriales son capaces ahora de comprar la influencia política necesaria para abusar del limitado alcance comercial de la protección del copyright, extendiéndolo a areas completamente inaplicables: reproducciones sin originalidad de documentos históricos y obras de arte, por ejemplo, y la explotación del trabajo de científicos impagos. Ellos son capaces incluso de hacer pagar a los contribuyentes por sus ataques a la sociedad libre, llevando adelante acusaciones penales (el copyright ha sido clásicamente un asunto civil) y cargando a instituciones públicas con ridículas tarifas de suscripción.

El copyright es una ficción legal que supone un estrecho compromiso: renunciamos a nuestro derecho natural a intercambiar información a cambio de crear un incentivo económico para el autor, de manera de que todos podamos disfrutar de más obras. Cuando los editores abusan del sistema para reproducirse, cuando distorsionan la aplicabilidad del copyright, cuando recurren a amenazas de litigios frívolos para suprimir la difusión de obras de dominio público, están robándonos a todos.

Hace algunos años obtuve, de una manera bastante aburrida y legal, una amplia colección de documentos de JSTOR.

Particularmente, estos documentos son los archivos históricos de la Philosophical Transaction of the Royal Society -una prestigiosa revista científica cuya historia se remonta al siglo XVII.

La porción de la colección que se incluye en este archivo, publicados antes de 1923 y por lo tanto de dominio público, alcanzan un total de 18.592 artículos y 33 gigabytes de datos.

Estos documentos son parte de una herencia compartida de toda la humanidad, y son por derecho de dominio público, pero no están disponibles libremente. Por el contrario, los artículos están disponibles a $19 cada uno -por un mes de visualiación, por una persona, en una computadora. Es un robo. A vos.

Cuando recibí estos documentos tenía grandes planes para subirlos al sitio hermano de Wikipedia para obras de referencia, Wikisource -donde podrían ser vinculados con Wikimedia, ofreciendo un contexto histórico interesante para los artículos de la enciclopedia. Por ejemplo, Urano fue descubierto en 1781 por William Herschel; ¿por qué no leer el artículo donde él originalmente reveló su descubrimiento? (¿O uno de los muchos posteriores acerca de sus satélites o de las docenas de artículos que escribió?).

Pero pronto me dí cuenta de que la realidad de la situación era poco atractiva: publicar los documentos libremente hubiera probablemente conducido a frívolos litigios con los editores.

Como en muchos otros casos, era esperable que ellos adujeran que su reproducción no original -escaneo de documentos- creaba nuevos derechos de autor. O que distribuir los documentos completos con las triviales marcas de agua que ellos agregaron constituía una copia ilegal de esas marcas. Podrían incluso iniciar un proceso penal sosteniendo que quien quiera que haya obtenido los archivos debe haber violado algún tipo de leyes anti-hacking.

En mis discretas averiguaciones, no encontré a nadie que estuviera dispuesto a cubrir los potencialmente ilimitados costos a los que me arriesgaba, incluso cuando la única acción ilegal aqui es la deformación fraudulenta del copyright por JSTOR y la Royal Society al limitar el acceso al público de algo que es legal y moralmente propiedad de todos.

Mientras tanto, y con grandes fanfarrias por su 350º aniversario, la RSOL abrió el acceso “libre” a su archivo histórico -pero “libre” sólo quería decir “con muchas tediosas condiciones”, y el acceso estaba limitado a alrededor de 100 artículos.

Demasiado a menudo las revistas, galerías y museos se están convirtiendo no en difusores de conocimiento -como grandilocuentemente definen su “misión”- sino en censores del conocimiento, porque la censura es lo único que hacen mejor que la Internet. La administración y la curaduría son funciones valiosas, pero su valor es negativo cuando sólo hay un administrador y un curador, cuyo juicio reina como la última palabra acerca de lo que todos los demás pueden ver y saber. Si sus recomendaciones tienen valor tienen que ser escuchadas sin el abuso coercitivo del copyright para silenciar a sus competidores.

La difusión liberal del conocimiento es esencial para la investigación científica. Más que en cualquier otro área, la aplicación restrictiva del copyright es inapropiada en las obras académicas: no hay una discusión acerca de cómo pagarle a los autores o a los reseñadores, porque los editores ya no les están pagando. A diferencia de las “meras” obras de entretenimiento, el acceso libre al trabajo científico impacta en el bienestar de toda la humanidad. Nuestra propia supervivencia podría incluso depender de ello.

Si puedo sacar sólo un dólar de la ganancia mal habida de una venenosa industria que actúa para suprimir el entenidimiento histórico y científico, entonces cualquier costo personal que yo sufra estará bien justificado -será un dólar menos gastado en la guerra contra el conocimiento. Un dolar menos gastado en el lobby por leyes que hacen que descargar demasiados artículos científicos sea un crimen.

He considerado liberar esta colección de forma anónima, pero otros han señalado que los demasiado celosos querellantes de Aaron Swartz probablemente lo acusarían a él y lo agregarían a su creciente lista de ridículos cargos. Eso no hubiera dejado mi conciencia tranquila, y en general creo que cualquier cosa que valga la pena hacer merece ser firmada.

Estoy interesado en enterarme de cualquier descubrimiento interesante o incluso aplicaciones útiles que puedan surgir de este archivo.

- —- Greg Maxwell – 20 de Julio de 2011

Notas:
 [1] Paywall: un sitio web que permite el acceso a ciertos contenidos únicamente a suscriptores que pagan (N. de T.). [2] Metadatos factuales o administrativos: información objetiva acerca de un recurso, por ejemplo fecha de publicación, título o autor entre otros (N. de T.).

http://usemoslinux.blogspot.com/2011/07/descargar-es-protesta-documentos-de.html#more


http://usemoslinux.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario