El proceso de arbitraje


Muchos editores de revistas se consideran escultores de talento que tratan de convertir un bloque de mármol en una estatua encantadora, y a los autores como toscos cinceles. En realidad, los autores son las estatuas y los editores las palomas.
DOUG ROBARCHEK


Había una vez un Papa y el director de una revista que, al morirse, llegaron al cielo al mismo tiempo. Pasaron los trámites de admisión habituales y se les asignó una residencia celestial. El Papa echó una ojeada a su apartamento y vio que era realmente una pocilga. Al director, en cambio, le asignaron un magnífico apartamento, de muebles lujosos, gruesas alfombras y espléndidos accesorios. Cuando el Papa lo vio, fue a ver a Dios y le dijo: “Debe de haber algún error. Soy el Papa y me han asignado una residencia miserable, mientras que a ese pobre director le han dado un apartamento estupendo”.
Dios respondió: “Bueno, en mi opinión, tú no tienes nada de especial. Hemos acogido a más de 200 Papas en los últimos 2 000 años. Sin embargo, este es el primer director de una revista que consigue entrar en el cielo”.


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