Hacer de la ciencia una religión


El cientificismo (también llamado cientifismo o cientismo) consiste en la aplicación del método de las ciencias positivas (cuyo arquetipo son las matemáticas) al análisis de todas las facetas de la realidad. Derivado del positivismo del siglo XIX, el cientificismo se basa en la creencia de que la ciencia es aséptica y objetiva; se pasa de esta manera por alto que los científicos son sujetos y como tales tienen prejuicios como cualquier otro mortal y además tienen su ideología y su trabajo no tiene nada de neutro. Esto es especialmente cierto cuando se aplica el método “científico”, el método de las ciencias positivas, a realidades alejadas de la linealidad de la matemática. Aplicar métodos que trabajan esencialmente con datos cuantitativos a realidades en las que concurren infinidad de variables y de la más diversa naturaleza (no sólo numérica) como en lo psicológico o lo social es un grave error. Al final cuando el método de las ciencias positivas naufraga en un mar de enigmas irreducibles a la nítida lógica matemática el cientificista acaba por encajar a presión la realidad en su teoría y desechar aquella parte de la realidad que hace que no le salgan las cuentas, a lo cual lo tildará de metafísico o “magufo” y ubicará en el mismo plano de existencia que los unicornios o los gnomos. Y ay de aquel que ose denunciar este fraudulento proceder: será tildado de charlatán, de esotérico, de nigromante. Así habrá nacido un nuevo dogma, un dogma con envoltura racional (en vez de la envoltura mística que usa la religión) pero un dogma al fin y al cabo. Y que ningún devoto de la religión científica tergiverse lo hasta ahora expuesto: aquí nadie está negando la bondad del método científico en el terreno que le es propio, simplemente se está afirmando que no hay un único método válido que explique toda la realidad. Las panaceas epistemológicas son cosa de teólogos, no de personas con espíritu crítico. 
Hay realidades escurridizas, cambiantes, ambivalentes sobre las que es difícil afirmar algo tajantemente. Extraer el rasgo cualitativo de las cosas y elaborar teorías universalmente válidas sobre esa base como hace la matemática es bastante factible. Pero elaborar una teoría universal e infalible del comportamiento humano, por ejemplo, es bastante más problemático. Hay realidades demasiado complejas como para someterlas a la prueba del nueve. 

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