El ingenio de Albert Einstein

Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera. Esta genialidad lingüística ha sido atribuida al premio Nobel Albert Einstein (1879-1955), según algunos, el mayor genio de la historia. También, al parecer, dijo aquello de… “Dios no juega a los dados”, que tantos enemigos le granjeó. Pero hay más genialidades…
Un periodista le preguntó: -¿Me puede Ud. explicar la Ley de la Relatividad? Einstein le contestó: -¿Me puede Ud. explicar cómo se fríe un huevo?  El periodista lo miró extrañado contestándole: -Pues sí, sí que puedo.  A lo cual Einstein replicó: -Bien, pues ahora hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego.
Durante el nazismo, Einstein, a causa de ser judío, debió de soportar una guerra en su contra urdida con el fin de desprestigiar sus investigaciones. Uno de estos intentos se dio cuando se compilaron las opiniones de 100 científicos que contradecían las suyas, y que se editaron en un libro llamado “Cien autores en contra de Einstein”. Cuando se enteró del hecho, Einstein comentó: -¿Por qué cien? Si estuviese errado haría falta sólo uno.
En una conferencia que Einstein dio en un Colegio de Francia, el escritor Paul Valery le preguntó: -Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿La anota en un cuaderno o en una hoja suelta? A lo que Einstein respondió: -Cuando tengo una idea original… no se me olvida. 
Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadounidense. Al final de su vida, un periodista le preguntó qué posibles repercusiones habían tenido sobre su fama estos cambios. Einstein respondió: -Si mis teorías hubieran resultado falsas, los estadounidenses dirían que yo era un físico suizo, los suizos que era un científico alemán, y los alemanes que era un astrónomo judío.
Albert Einstein significó un punto de inflexión en la forma de contemplar el Universo y las leyes que lo gobiernan. Además de sus conocidas teorías de la relatividad –general o especial-, sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica le supuso, en 1921 el Premio Nobel de Física. Cada vez que entre en un ascensor, por ejemplo, con esas células fotosensibles que regulan la apertura o cierre de puertas… piense en Einstein…
Sin embargo, y dejando aparte un posible carácter a veces conflictivo también destacó por otras pinceladas dialécticas. Aquí van más de estas joyitas…
En una reunión social, Marilyn Monroe se cruzó con Einstein y ella le sugirió lo siguiente: -¿Qué dice, profesor; deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebe con mi belleza y su inteligencia? Einstein, muy seriamente, le respondió: -Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa, y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia.
Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dijo a Chaplin: -Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira. A lo que Chaplin respondió: -Lo suyo es mucho más digno de respeto: todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende.
Finalmente, podría mencionar aquella historia de su chófer, el cual se hizo pasar por él en una conferencia de física mientras que Einstein, divertido, lo observaba todo desde las sombras; pero esto entra más en el terreno de los chistes ingeniosos y prefiero dejarlo para otra ocasión…

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